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José Carlos Bermejo PorJosé Carlos Bermejo

Hasta los co..nes de Google, sus tarjetas enriquecidas y todo lo demás

Titulo de esta manera tan grosera porque es la más gráfica que encuentro.

Dicen los señores de Google que “con el paso de los años, las diferentes formas en que puede elegir resaltar el contenido de su sitio web en la búsqueda han crecido de forma espectacular”. Nos están hablando de las tarjetas o fragmentos enriquecidos. Ellos insisten con estos temas intentando innovar, algo loable, pero que termina por no ser cierto del todo porque como ahora trataré de explicar el posicionamiento se centra en un solo punto cardinal: los enlaces a tu página. Ni fragmentos enriquecidos, ni tarjetas, ni nada. El único enriquecido aquí es el Gigante de Montain View (qué chic queda) 😛

Algunos medios apuntan que cada hora Google gana más de 10 millones de dólares que obtienen gracias a la publicidad de adsense. Cada clic que haces en sus anuncios les reporta unos beneficios que comparten con los editores de contenido que incluyen sus anuncios, aunque los editores no se enteren de porqué la cantidad que les corresponde es la que es. Es cierto que reparten los beneficios tras el clic recibido, pero se desconocen los detalles de la puja que ellos plantean, poniendo el clic al precio que los anunciantes están dispuestos a pagar. En este punto, cabe hablar de la oscuridad del pingüe sistema que lleva a cabo el buscador que todos usamos. Porque tú, editor, solo sabes que te ha correspondido una cantidad por un clic, unas veces 0,01 céntimo de euro, otras, las menos hasta 5 euros. En este último caso, te pones muy contento y te olvidas de los 0,01 o 0,03, que suelen ser bastante más habituales…

Los enlaces a tu sitio, la clave para estar el primero en sus resultados de búsqueda: una experiencia topándonos con la realidad

No hay nada como la experiencia para poder hablar con propiedad. Si antes apuntaba en llamativo color rojo que los enlaces a tu página son lo que de forma primordial se valora es porque lo tengo comprobadísimo. Además, de una forma proporcional que asombra. En los últimos días, he visto como uno de los sitios que administramos ha descendido su número de visitas en +- un 60%. Asombrados ante esta caída, que ha sido progresiva, comenzamos una revisión a fondo de todas las circunstancias posibles. La lista era abundante. En total, evaluamos 8 posibilidades antes de dar con la clave:

  1. No publicar contenidos nuevos. Respuesta: NO
  2. La competencia ha posicionado mejor. Respuesta: Ummmm, puede ser.
  3. Tenemos errores (leves) en la versión AMP de la Web. Respuesta: SÍ, pero son leves y se resolvieron pronto.
  4. Hay exceso de publicidad en las páginas. Respuesta: NO
  5. ¿Tenemos contenido duplicado? Respuesta: NO
  6. Hemos incluido publicidad de terceros y esto no suele gustar al Gigante: Respuesta: SÍ
  7. Quizás sea por la velocidad de la página: Respuesta: NO, los resultados devuelve un 96% para ordenadores y un 89% para móviles. La Web está optimizada.
  8. Hemos perdido enlaces entrantes: Respuesta: SÍ. Y aquí está la clave

En total, el número de enlaces entrantes descendió alrededor de un 50%. Todos enlaces naturales porque jamás, y cuando digo jamás, es jamás, se ha comprado ni uno solo. Estoy hablando de un descenso de 12.319 enlaces a 6.411. Y, como consecuencia, el descenso de visitas diarias en un 60% aproximado. Hay días que cambia, pero la caída ha sido brutal.

No obstante, cuando revisamos aquellas páginas que ocupaban los primeros puestos en el ranking y vemos las que las han sustituido, el desánimo es grande ¿Por qué? Sencillo: porque los contenidos son claramente más pobres. Artículos escritos por profesionales de la materia, y con información contrastada por referencias bibliográficas son sustituidos en ese ranking por páginas en las que se percibe, tras las convenientes comprobaciones, la mano misteriosa de enlaces entrantes de pago. Ni más ni menos.

Un ranking que, por otro lado es falso, porque los primeros resultados son de aquellos que pagan. Los primeros resultados son los anuncios.

Muchos pensaréis que estas palabras son una pataleta por este acontecimiento. Pues sí, pero lo cierto es que todo esto y lo que viene a continuación ya lo pensaba antes… en mis cavilaciones silenciosas. Y no me gusta escribir para quedar bien, sino para contar la verdad que observo.

Google y sus acólitos seguidores estamos matando la cultura, la forma de escribir y el conocimiento

Enfado con los resultados de los buscadores

En Internet, para posicionar un artículo o un post, como todos sabemos a estas alturas, se necesita crear una estructura que entienda el robot de Google. Títulos, descripciones, encabezados, palabras clave, etc.

Todo esto provoca que los editores, la gente que escribe, lo haga de una forma poco natural, aunque pongan todo su empeño, anteponen (anteponemos, entono el mea culpa), la narración para el entendimiento del robot y para, simplemente, conseguir el posicionamiento.

Cuando consultabas una enciclopedia, sabías que su contenido estaba testado por profesionales de la materia

Así, nos encontramos con artículos que dan verdadera pena como lector (y como escritor) porque, entre otras tareas, hay que repetir un 2,5% durante el contenido del texto las veces que repites la maldita palabra clave que quieres posicionar para tu cliente; y esto está matando la forma de escribir, la forma de leer y la forma de entenderlo todo.

Se está acabando con la cultura del conocimiento a una velocidad de vértigo

Por otra parte, cuando consultabas una enciclopedia, sabías que su contenido estaba testado por profesionales de la materia que, con toda probabilidad, llevaban a cabo un trabajo escrupuloso, pero ahora cualquier pelagatos pontifica en la wikipedia o en cualquier página hablando de cáncer o de la teoría de la relatividad. No hay filtros, como no los hay en las redes sociales.

Se está acabando con la cultura del conocimiento a una velocidad de vértigo y se está sustituyendo, en muchísimos casos, por contenidos amparados en la respuesta de un robot al estímulo de la cantidad de enlaces entrantes. Y, esto, no hay que estudiar en Salamanca, significa que si tienes mucho dinero para pagar esos enlaces, te estás asegurando que tus contenidos, que pueden ser pobres y sin calidad; o información sesgada a propósito estén en los primeros lugares de los ranking de los buscadores.

Comprar enlaces patrocinados, una práctica consentida

Sí, ya sé, que Google y los demás, intentan frenar esta práctica, pero seamos serios, hay muchas formas de burlarlas, y todos lo sabemos. Solo, en este sentido, por ejemplo, con escribir en google “comprar enlaces patrocinados” ¿Qué aparece? ¡¡¡¡¡Si hay hasta anuncios de Adwords como resultado!!!!! Pura hipocresía.

Ciertamente, Google no es el responsable número 1 de todos estos dislates, pero vamos, no le veo con intención de cambiar las cosas. Al ejemplo me remito. 

 

 

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